Cuba no te recibe con suavidad. Desde el momento en que bajas del avi—n y sientes el sofocante aire caribe—o, la isla te golpea de una sola vez — un torrente de color, m—sica, contradicci—n y una calidez tan genuina que puede hacerte un nudo en el pecho. No hay ning—n otro lugar en la tierra que se le parezca.
Lo primero que la mayor—a de los visitantes nota son los autos. Los gloriosos e incre—bles autos — su cromo reluciendo bajo el sol de la tarde, sus motores retumbando como algo de otra era completamente distinta. Pero Cuba no es un museo. Est— viva, vibrante y profundamente compleja: un lugar donde la grandiosidad colonial se desmorona junto a murales revolucionarios, donde un m—dico gana menos que un taxista, donde la comida m—s exquisita que probar—s jam—s se sirve desde la sala de alguien. Viajar aqu— es experimentar el mundo tal como fue alguna vez, y quiz—s como siempre debi— ser — m—s lento, m—s humano, menos mediado por una pantalla.
Ninguna visita a Cuba est— completa sin la comida — descubre las incre—bles tradiciones culinarias de Cuba antes de llegar para saber exactamente qu— pedir. Pero Cuba tambi—n requiere preparaci—n. M—s que casi cualquier destino en el planeta, recompensa a quienes llegan informados y perjudica a quienes no lo hacen. La banca no funciona como esperar—as. El internet est— racionado. La situaci—n con la moneda es— digamos que matizada. Por eso existe esta gu—a — para darte todo lo que necesitas saber antes de que tus pies toquen ese agrietado pavimento habanero, de manera que cuando lo hagan, puedas dedicar cada segundo a absorberlo todo.
Ya sea que te atraiga la arquitectura, la m—sica, la comida, la historia o simplemente el irresistible encanto de un lugar que se ha mantenido terco y magn—ficamente fiel a s— mismo mientras el resto del mundo avanzaba a toda prisa — Cuba te est— esperando. Prepar—monos juntos.
Cap—tulo Uno
Antes de Llegar
El papeleo y la log—stica son la parte menos rom—ntica de cualquier viaje, pero en el caso de Cuba son genuinamente importantes. Hacerlos bien marca la diferencia entre pasar la aduana sin problemas y que te rechacen en la puerta. Esto es lo que necesitas.
Visa y Tarjeta de Turista
Los estadounidenses requieren una categor—a de licencia OFAC — la mayor—a viaja bajo "Apoyo al Pueblo Cubano." Todos los visitantes necesitan una tarjeta del turista, que cuesta entre $25 y $50, y suele estar disponible en el mostrador de facturaci—n de tu aerol—nea.
Seguro de Viaje
No es opcional — Cuba exige legalmente un seguro de viaje a todos los visitantes. Debes mostrar comprobante al llegar. Muchas aerol—neas y aseguradoras ofrecen p—lizas compatibles con Cuba. No te la saltes.
Lleva Efectivo
Las tarjetas bancarias estadounidenses no funcionan en los cajeros autom—ticos cubanos. Punto. Lleva d—lares, euros o d—lares canadienses en efectivo. Cambia en las CADECAs (casas de cambio oficiales) para obtener las mejores tasas. Presupuesta entre $50 y $80 por d—a para viajar c—modamente.
Qu— Empacar
Ropa ligera y transpirable — hace mucho calor. Protector solar apto para arrecifes, cualquier medicamento que necesites (dif—cil de conseguir en Cuba), un adaptador de corriente (Cuba usa tanto 110V como 220V) y Maps.me descargado sin conexi—n.
Cuba funciona con una econom—a de efectivo. Deja tus tarjetas de cr—dito en casa y abraza el ritual de contar pesos — te conecta con la realidad de la vida aqu— de una manera que ninguna aplicaci—n podr—a lograr jam—s.
?? Gu—a de Presupuesto Diario
Cap—tulo Dos
C—mo Moverse
La red de transporte de Cuba es una gloriosa improvisaci—n. Hay horarios, m—s o menos, y precios, aproximadamente, y veh—culos que funcionan, la mayor parte del tiempo. Una vez que lo aceptas y te lanzas a la aventura, moverse por Cuba se convierte en uno de los grandes placeres del viaje.
Foto: Wikimedia Commons
En La Habana: Los taxis vintage de la ciudad son ic—nicos y asequibles para trayectos cortos — acuerda el precio antes de subir. Los brillantes coco-taxis amarillos (mototaxis de tres ruedas con forma de coco) son alegres para paseos tur—sticos, aunque m—s caros. Para tener una visi—n panor—mica de la ciudad, el Havana Bus Tour es una ruta de paradas libres con aire acondicionado que recorre todos los puntos tur—sticos principales. Pero —para La Habana Vieja? Camina. Siempre camina. Esos adoquines existen para ser recorridos.
Entre ciudades: Los autobuses Viazul son el est—ndar de oro para el turismo — coaches c—modos con aire acondicionado que conectan La Habana con Trinidad, Vi—ales y m—s destinos. Reserva con anticipaci—n, especialmente en temporada alta. Los colectivos (taxis compartidos) son m—s r—pidos y a menudo m—s baratos de lo que esperar—as — locales y viajeros se amontonan en desvencijados Buicks para los largos recorridos entre ciudades.
Autos de alquiler: Est—n disponibles, pero tienen sus advertencias. Los precios son altos, la disponibilidad puede ser escasa y las gasolineras se vuelven muy escasas una vez que sales de La Habana. Si alquilas un auto, se recomienda ampliamente una licencia de conducir internacional. Dicho esto, un viaje en auto por el Valle de Vi—ales o a lo largo de la costa hasta Trinidad es una de las experiencias m—s incre—bles que ofrece Cuba.
Cap—tulo Tres
D—nde Hospedarse
Nada — y nos referimos a absolutamente nada — definir— tu experiencia cubana de manera m—s fundamental que tu elecci—n de alojamiento. Y la respuesta, para casi todos los que visitan Cuba por primera vez, es la misma: una casa particular.
Son casas privadas cuyos due—os alquilan habitaciones a los viajeros — la versi—n cubana del B&B. Y son magn—ficas. Dormir—s en una habitaci—n de techos altos con puertas francesas que dan a un patio de azulejos. El desayuno ser— un fest—n de papaya fresca, jugo de guayaba, huevos, pan y caf— cubano bien cargado. Y tu anfitri—n — invariablemente c—lido, con opiniones propias y lleno de recomendaciones — se convertir— en uno de tus recuerdos m—s preciados del viaje. Las tarifas oscilan entre $30 y $60 por noche, lo que las convierte tanto en una experiencia cultural como en una excelente opci—n econ—mica.
Los hoteles, en comparaci—n, son m—s caros, menos personales y a menudo est—n sumidos en las ineficiencias de la econom—a estatal cubana. Existen, y algunos son hermosos (el Hotel Nacional en Vedado, por ejemplo, es un genuino hito arquitect—nico que vale la pena visitar para tomar una copa aunque sea), pero raramente son la mejor opci—n para una primera visita.
Reservas: Airbnb tiene una presencia significativa en Cuba y es una manera confiable de reservar casas con anticipaci—n. Alternativamente, muchos viajeros experimentados en Cuba simplemente llegan y recorren el barrio buscando carteles que digan "Arrendador" — rara vez te quedar—s sin cama.
Cap—tulo Cuatro
Qu— Comer y Beber
La comida cubana tiene una reputaci—n — no siempre favorable — de ser simple, con mucho almid—n y repetitiva. Esa reputaci—n es parcialmente merecida cuando comes en restaurantes estatales. Pero entra al mundo de los paladares, y la historia cambia completamente.
Los paladares son restaurantes de propiedad privada que operan desde casas, azoteas, patios convertidos y mansiones coloniales. La comida es m—s fresca, el servicio es m—s c—lido y los precios son mejores que en sus equivalentes estatales. La regla sencilla: si el men— est— escrito solo en espa—ol, es un local aut—ntico. Si est— en cuatro idiomas y plastificado, probablemente est—s pagando precios tur—sticos por comida inferior. Encuentra los mejores lugares para cenar con nuestra gu—a de los mejores restaurantes privados de La Habana.
Foto: Wikimedia Commons
Platos y bebidas que no te puedes perder:
Cap—tulo Cinco
Consejos Clave para Principiantes
Estos son los secretos que conocen los viajeros experimentados en Cuba — las cosas que no aparecen en las gu—as de viaje, o que aparecen y se pasan por alto. Abs—rbelos. Marcar—n la diferencia entre un viaje que recuerdas y uno que atesoras.
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Aprende un poco de espa—ol. Incluso veinte palabras lo cambian todo. Los cubanos son excepcionalmente c—lidos con los visitantes que hacen el esfuerzo — incluso un "—C—mo est—s?" con acento abre puertas que el dinero tur—stico solo jam—s podr—a.
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Abraza la desconexi—n digital. El acceso a internet existe en Cuba — en puntos wifi designados, adquiridos mediante tarjetas ETECSA — pero es lento, caro y racionado. En realidad esto es un regalo. Perm—tete ser inalcanzable por una semana. Quiz—s nunca quieras volver.
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Lleva peque—os regalos para tus anfitriones de la casa particular. Aspirinas, bol—grafos, —tiles escolares, vitaminas — estos art—culos cotidianos son genuinamente dif—ciles de encontrar en Cuba. Una bolsa de regalos que te cuesta $20 en casa significar— mucho para una familia anfitriona. Es una de las cosas m—s significativas que puedes hacer.
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Cuba es notablemente segura. No dejes que las ansiedades geopol—ticas desactualizadas ti—an tus expectativas. El crimen callejero contra turistas es poco frecuente, la violencia a—n m—s. Usa el sentido com—n, cuida tus cosas en multitudes y casi con certeza nunca te sentir—s en peligro.
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Cambia dinero en las CADECAs, no en los hoteles. Las tasas de cambio de los hoteles son p—simas. Las oficinas de cambio CADECA ofrecen tasas mucho mejores y son f—ciles de encontrar en cualquier ciudad. Cambia cantidades peque—as con frecuencia en lugar de una suma grande de una sola vez.
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Camina, explora, pi—rdete deliberadamente. Las mejores experiencias en Cuba no est—n en ning—n mapa. Suceden en el callej—n donde alguien toca son de la era de Buena Vista, en la azotea donde terminas viendo el atardecer con una familia que acabas de conocer, en el mercado donde pruebas algo que no puedes nombrar pero que sabe extraordinariamente bien.
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El Malec—n al atardecer es obligatorio. El famoso malec—n de La Habana se transforma al anochecer. Familias, enamorados, m—sicos, pescadores y caminantes se re—nen mientras el cielo toma el color de los mangos y la ciudad vieja brilla —mbar detr—s de ellos. Ve. P—rate ah—. D—jate llevar.
Foto: Wikimedia Commons
Cuba te va a frustrar, encantar, agotar y llenar de un amor por el esp—ritu humano que sobrevive al viaje por a—os. Ve preparado. Ve con la mente abierta. Y ve pronto — porque Cuba, en su forma particular y extraordinaria, no seguir— siendo as— para siempre.